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 Travesía Hundidero-Gato (03/09/2016)

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Álvaro

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MensajeTema: Travesía Hundidero-Gato (03/09/2016)   Vie 23 Sep 2016 - 3:17

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Manoli Rodríguez

Hundidero Gato era una de las travesías que la mayoría del club queríamos realizar desde que hace un par de años, Guille con su reportaje, nos puso los dientes largos a todos. La cueva nos prometía diversión y agua, ¡una combinación perfecta!
Por fin llegó el ansiado finde. Nos desplazamos hasta las inmediaciones de Montejaque, trece Vianas (Iván, Susana, Julio, Diego, Antonio, Pedro, Marina, Javier, Dani González, Alicia, Jesús, Álvaro y yo, Manoli) y tres Abismos (Montse, Jesús y Toño), ¡vaya despliegue!
Quedamos temprano en el aparcamiento de Gato para dejar la mitad de los coches y desplazarnos con el resto hacia la boca de Hundidero.

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Cueva del Gato

Cogimos los bártulos y comenzamos el descenso por los escalones labrados en la piedra que conducen hasta la gran boca de la cueva. La gran entrada te recuerda a la típica cueva de las películas de piratas, dónde esconden el tesoro… Justo antes de la boca hay un pozo de paredes altas y el ritual debe ser encaramarse al brocal y asomarse, porque todos nos asomamos. Es como si quisiéramos consultar el oráculo y efectivamente nos dio la previsión: ¡estaba completamente seco!, cosa que nos hizo pensar que el nivel del agua no sería muy alto.
Nos vestimos de “Play mobil modelo buzo” dentro de  la cueva porque el calor amenazaba con derretirnos dentro del neopreno. Después, por fin, nos adentramos en la cavidad. Como éramos tantos parecía que íbamos de excursión.
Enseguida llegamos al primer rápel y el “ansia viva” se apoderó del grupo; unos decidieron saltar al agua y otros optamos por deslizarnos por la cuerda. ¡Qué gusto caer al agua fría! A partir de aquí empezamos a recorrer una zona de lagos continuos en la que disfrutamos como enanos. Era impresionante ver la cantidad de material que utilizaron para construir la presa y no podía dejar de imaginar cómo acarrearon todo aquello. Actualmente está todo en ruinas, restos de pasarelas de madera que colgaban sobre nuestras cabezas mientras cruzábamos los lagos, cables de acero, clavos enormes  de medio metro que utilizábamos como escalones o para agarrarnos en las trepadas… ¡era un decorado increíble! Además no dejaba de preguntarme: ¿mulas espeleólogas adentrándose en la cueva para transportar el material?

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Seguimos salvando divertidos rápeles, alternando con zonas de lagos y de pasamanos. Llegamos a la gran  Sala de los Gours, ¡qué maravilla!

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Sala de los Gours

Aquí decidimos parar a comer porque después debíamos atravesar la zona del barro, y como no teníamos muy claro si iba a haber agua para limpiarnos, convenimos que lo mejor sería ingerir las provisiones  por si acaso. Después de saciarnos con toda suerte de cosas comestibles, incluidos unos torreznillos de Soria que Álvaro y yo compartimos con el grupo, continuamos hasta la Galería de la Ciénaga. Bueno, ahora a ver como os describo el cachondeo que hubo en esta zona… Lo primero que tenéis que hacer es imaginaos un lodazal de bastantes metros de largo y dieciséis espeleólogos pegados literalmente al suelo e intentando recorrerlo de la manera más “digna” posible y, por supuesto, de barro hasta en la flora intestinal.  A causa de la falta de agua, eso más que barro parecía cemento a punto de fraguar. La situación era tan cómica que según mirabas a tus compañeros la pinta que tenían, te entraba la risa floja. Yo incluso al intentar sacar el pie del barro, se me quedó la bota pegada al suelo y tuve que rebuscarla en el lodo para recuperarla. Cuando la saqué era una bola pegajosa de arcilla. Hubo gente que decidió ir a gatas y otros, como Pedro, que aprovechándose de la poca dignidad que le quedaba a Álvaro, hundido de pies y brazos en el barrizal, se dedicó a tirarle pegotes de barro. ¡Vaya pitorreo!

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Galería de la Ciénega. ¡Aaggg!

Después de superar la prueba del barro, llegamos a la Plaza de Toros, que hace honor a su nombre, y seguidamente cruzamos dos lagos más. Estábamos ya en la Gran Estalagmita, de la que puedo decir literalmente, que mide 12 espeleólogos de circunferencia. ¡Cómo no teníamos nada mejor que hacer, nos abrazamos a ella, cogidos de la mano para medirla!

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La Gran Estalagmita

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"Lavadora"

A partir de aquí comienza la parte más física de la cueva, teníamos que cruzar a nado dos largos lagos, el Cabo de las Tormentas y el Lago de la Mona. Y cómo no, ¡otra vez de broma! La imagen merecía la pena: todos nadando en procesión con las cabezas asomando sobre el agua iluminada por los frontales y oyendo comentarios como ¡oiga, no empuje!, ¡qué morro, no te agarres a mis pies para que te lleve!, ¡uy, a alguien le he dado una coz!, y de fondo, las risas de todos. Esa visión en la oscuridad, con todas las lucecitas, me recordaba a la imagen gallega de la Santa Compaña.
Después recorrimos la bien llamada Galería del Aburrimiento y llegamos al Lago 1.100, que no tenía prácticamente agua.
Hicimos un breve descanso en la Sala de las Dunas y continuamos hasta el rápel previo a la Gran Pared. De aquí a la calle es un paseo. Ya veíamos la claridad que nos anunciaba la salida. Superados los Lagos de las Marmitas nos encontramos en la calle, con el consiguiente asombro, ¡cómo siempre!, de los veraneantes que van a pasar allí las calurosas tardes malagueñas.

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"Secado al aire libre y fin de la travesía"

El balance de la jornada acabó con saldo positivo y nos regaló a todos un día muy entretenido, que acabaría aún mejor tomándonos unas cervezas fresquitas y unos “pescaítos” en una terraza de Ronda.




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